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Racing sin Maravilla: por qué el relato exagera su caída

AAndrés Quispe
··5 min de lectura·racingindependiente rivadavialiga profesional
A soccer goal sitting on top of a lush green field — Photo by Brianna Lengacher on Unsplash

La alarma explotó apenas se confirmó la lesión de Adrián “Maravilla” Martínez. En redes, en TV y hasta en chats de apuestas, Racing pasó —en nada— de candidato serio a equipo supuestamente frágil. Yo voy a contramano de esa ola, y sí, a contramano: se está agrandando el golpe más de la cuenta. Pierde a su 9 más punzante, claro, pero no se le cae el andamiaje, y en partidos así el andamiaje pesa más que un apellido.

Este jueves 26 de febrero de 2026 la conversación gira alrededor de una pregunta bien emocional: “¿cómo reemplazas goles?”. Cortita. Pero la pregunta táctica va por otro carril: “¿quién sostiene la presión tras pérdida, la ocupación del área y la segunda jugada?”, porque ahí Racing tiene respuestas repartidas en varias piezas, no amarradas a un solo nombre propio. Y esa brecha, la que separa emoción de funcionamiento real, es donde yo veo valor para leer mejor el cruce con Independiente Rivadavia.

El ruido de la baja y lo que realmente cambia

La narrativa popular se entiende. Martínez venía siendo faro ofensivo y su ausencia obliga a Gustavo Costas a meter mano en una semana pesadita. No es menor. En Argentina, cuando falta el 9 titular, suele resentirse el timing de centros y baja la agresividad en los últimos 20 metros. Pasa, sí.

Ahora, resumir todo en “sin Maravilla no hay gol” queda chico, muy chico. Racing no vive únicamente del pase final al punta; también fabrica daño recuperando alto y con volantes que pisan zona de remate en escalera. Así. Históricamente, los equipos de Costas, cuando pierden una pieza puntual, no se apagan de golpe: cambian rutas, giran un poco, a veces se vuelven menos verticales y más pacientes, y terminan siendo más incómodos para rivales que esperaban una versión cantada.

Esa película en Perú ya la vimos. En la Copa Libertadores 1997, Sporting Cristal entró a tramos bravos con bajas de peso arriba y aun así compitió porque mantenía la estructura colectiva: laterales largos, mediocampo con ida y vuelta, disciplina para no partirse. Fue método. Seco. Racing hoy se parece más a ese libreto que al derrumbe que varios venden al toque.

Entrenador dando indicaciones tácticas al borde del campo
Entrenador dando indicaciones tácticas al borde del campo

Independiente Rivadavia no es un convidado, pero tampoco un monstruo

Independiente Rivadavia tiene méritos claros: bloque compacto, ratos de presión en campo medio y buena lectura para atacar espacios cuando el rival adelanta líneas. Si Racing se acelera y se desordena, la visita puede encontrar transiciones limpias. Tal cual. Ese, para mí, es el argumento más sólido del lado mendocino.

Pero una cosa es competir y otra llevar la batuta. Cuando le toca hundirse cerca de su área varios minutos, Independiente suele sufrir en segundas pelotas y en cierres del lado débil, y no hace falta inventar marcadores para ver un patrón reciente de campaña: si el rival instala posesión sostenida, termina concediendo tiros frontales o centros rasantes que queman. Racing, incluso sin su 9 titular, tiene vías para llegar justo a esas zonas. No da para ignorarlo.

En clave apuesta, eso me mueve a una idea concreta: prefiero la línea de producción colectiva de Racing antes que el mercado de goleador. De frente. La gente extraña al nombre propio y castiga al equipo completo casi en automático, como reflejo, y yo esa lectura no la compro ni un poquito. Si la cuota del triunfo local se estira por la lesión, se abre una ventana que antes, simple, no estaba.

Números contra narrativa: me quedo con los números

Cuando se cae un delantero, el mercado recreativo suele reaccionar con un sesgo bien humano: imagina menos goles y más caos. El tema es que esa proyección, muchas veces, llega tarde y mal calibrada; una baja individual puede bajar el techo de eficacia, sí, pero no necesariamente recorta el volumen de llegadas, y para apostar el volumen suele anticipar mejor que la épica. Raro, pero real.

Mi lectura editorial es clarísima: en Racing vs Independiente Rivadavia pesan más los números de funcionamiento que el relato del drama. No niego el impacto de la lesión, no, niego el tamaño que le están dando. Si mañana ves cuotas movidas por pánico, el valor va a estar del lado menos ruidoso.

Una pista práctica: mercados como “Racing empate, apuesta no válida” o “Racing más tiros de esquina” suelen capturar mejor la superioridad territorial cuando falta un definidor principal. No siempre conviene pelearse con el 1X2, pero esta vez el 1X2 puede quedar medio contaminado por la novela de la semana, y eso pesa.

Tribunas llenas en un partido nocturno con alta tensión
Tribunas llenas en un partido nocturno con alta tensión

El recuerdo peruano que explica esta previa

En el Apertura 2024, Universitario tuvo semanas en las que perdió piezas ofensivas y aun así sostuvo el rendimiento por automatismos: presión coordinada, laterales como extremos encubiertos y pelota parada laburada. A muchos les sonó a milagro. No lo fue. Fue repetición, chamba táctica y ocupación inteligente de espacios. Ese antecedente ayuda a leer a Racing hoy: menos brillo individual, mismo esqueleto competitivo.

Y cierro con una opinión que seguro divide, pero bueno: el cuento de “sin su figura se cae todo” le sirve al panel televisivo, no al apostador serio. El partido puede ser cerrado, áspero incluso, pero la probabilidad de que Racing controle más fases del juego sigue por arriba de lo que sugiere la charla popular. Si el mercado compra miedo, yo compro método.

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